Thursday, March 03, 2011

Y nos fuimos pues... *Scroll down for English*

En un abrir y cerrar de ojos... bueno, no fue así de rápido, pero así se sintió.  Empacamos el gran camión con todos nuestros tipilcates y nos fuimos, dejamos atrás ese hermoso valle.   Quisiera poder decir que mientras nos alejábamos iba tomando fotografías mentales del panorama con la intención de imprimir en la memoria esa última vista encaminándonos a la nueva aventura.  Sin embargo, la vida no se desarrolla tan románticamente para una madre de cuatro niños que va manejando una "van" cargada a rebosar y siguiendo el camión de mudanzas conducido por su esposo.  Pero la realidad es que no necesitaba tratar de imprimir esas imágenes en mi memoria.  Están para siempre gravadas en mi corazón, de la misma manera que lo está "mi" volcán en Guatemala.  Me pertenecen, son mi hogar.  Es sorprendente cómo Dios permite tanto espacio y tanto amor en nuestros corazones, pero luego, pues no es tanta sorpresa; después de todo, El es Dios.  El es así de grande.  Dejé un hogar para encontrar un hogar que acabamos de dejar para hacer uno nuevo.  De alguna extraña manera, todos estos lugares son ahora mi hogar. 

Dejamos la casa de mi amada cuñada esa mañana del martes.  A propósito había querido pasar con ellos nuestra última noche y salir desde su casa.  Sin darme cuenta, terminé pasando mi última noche en Gallupville en el mismísimo cuarto donde pasé la primera hace unos ocho años.  En ese entonces, llegué soltera con una noción en su corazón por un muchacho que había conocido apenas un mes atrás.  Es noción se convirtió en un secreto sagrado que se volvió un amor sagrado en el transcurso de un año, más o menos.   Más tarde, ese amor trajo vida e historia.  Ahora ambos dejamos eso atrás para seguir haciendo vida,  para amar más, crecer más y hacer más historia. 
 
Quée tristeza fue salir del pueblo.  Hubiera querido parar en tantos lugares para una última despedida, un último abrazo, pero no se podía.  Una parada era todo lo que podíamos hacer, y una sola parada hicimos.  Cuatro horas y pico de camino nos llevaron a nuestro nuevo destino.  Los niños se portaron divinamente y para el final del día estábamos desempacando nuestras pertenencias y descargando nuestras almas en un hogar temporal.   Estamos hospedados con una de las parejas más cándidas y amorosas que puede existir.  Ya los contábamos como amigos y cada minuto que pasa los amamos más.  Ya esta aventura se está desarrollando ante nosotros y nuestros corazones están haciendo espacio para lo nuevo.  Tan pronto resolvamos algunos pequeños detalles como la computadora y cosas por el estilo me aseguraré de mostrarles fotos.  Mientras tanto, la vida está llena de sorpresas... mejor dicho Dios está lleno de sorpresas, asi que en un matrimonio de nuestro pasado y nuestro futuro que estamos llamando presente nos disponemos a vivir nuestra vida en la gracia de Su amor.  

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